Exposición. Del 26 de abril al 29 de julio de 2007.
Navarra es rica en manifestaciones culturales que evocan un pasado y enuncian una identidad que se proyecta hacia el futuro. Fitero es un referente al respecto. Su rico patrimonio material e inmaterial en un conjunto a la altura de sus hermanos europeos, equipado con gran parte de su exorno artístico, nos habla de esa historia larga y azarosa. Estos bienes culturales se enriquecen con el parentesco de ciertos personajes ilustres que trascienden la propia historia regional o nacional; San Raimundo de Fitero, primer abad del monasterio y fundador de la Orden Militar de Calatrava, o el virrey don Juan de Palafox, reformador, polígrafo, hombre de Iglesia y de Estado en la España del Cuarto de los Felipes.
A todo ello hay que añadir el toque sutil de la pluma de Gustavo Adolfo Bécquer, visitante de los Baños de Fitero, allá por 1861. Dos de sus leyendas, La Cueva de la Mora y El Miserere se desarrollan cabe el establecimiento termal, en las inmediaciones del castillo de Tudején y, un tercer relato, titulado La fe salva, tiene también su génesis en la estancia del poeta sevillano en los Baños.
Historia y arte, mito y leyenda anidan en la memoria histórica de las tierras fiteranas, tierras de inquieta frontera entre los tres reinos históricos peninsulares, hasta que pasan a incorporarse definitivamente a Navarra en el siglo XIV.
De todas estas realidades se quiere hacer eco la exposición que con el título Fitero: el legado de un monasterio, se va a contemplar a lo largo de la primavera y el verano de 2007, dentro de los muros de la iglesia abacial, en un lugar que hizo exclamar al arquitecto Vicente Lampérez y Romea : “La arquitectura del Císter no produjo en España nada tan grandioso”.
El Departamento de Cultura y Turismo continúa con esta muestra una línea ya marcada en la catedral de Tudela. En esta ocasión, la exposición preparada aglutina no sólo bienes restaurados y en proceso de recuperación presentes en Fitero, sino otros procedentes de distintas instituciones que pertenecieron al rico acerbo monástico en siglos pasados.
La recuperación de nuestro patrimonio forma parte de algo que va más allá de la restauración de una talla, unas pinturas o un conjunto arquitectónico y que se inserta en la toma de conciencia de una identidad definida históricamente a través de múltiples aspectos en los que se plasma su cultura, sus lenguas, las relaciones sociales, ritos, ceremonias, o comportamientos colectivos. Un rasgo propio de estos elementos de identidad cultural es su carácter inmaterial y anónimo, pues son producto de la colectividad. Precisamente por ello el patrimonio histórico resulta específicamente eficaz como condensador de estos valores, por su presencia material y singular: frente al carácter incorpóreo de los elementos culturales citados, el monumento, el bien cultural, es, por el contrario, un objeto concreto que se reviste de un elevado valor simbólico que asume y resume el carácter esencial de la cultura a la que pertenece.
De todo lo dicho quiere hablarnos esta exposición “Fitero: el legado de un monasterio”.
Juan Ramón Corpas
Consejero de Cultura y Turismo del Gobierno de Navarra y Presidente de la Fundación para la Conservación del Patrimonio Histórico de Navarra
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