Exposición. Del 26 de abril al 29 de julio de 2007.
A diferencia de lo ocurrido con los grandes monasterios de Navarra, como Leire, Irache, Iranzu o la Oliva, abandonados tras la Desamortización y con su patrimonio mueble destruido o repartido, la iglesia abacial de Fitero conservó gran parte de él, por haber quedado como parroquia de la villa. Un viejo sueño, por parte de quienes habían vivido bajo el señorío monástico, se hacía realidad al poder celebrar todos sus cultos y fiestas en la capilla mayor, otrora reservada únicamente para los monjes.
Gracias a la parroquialidad, hoy podemos contemplar in situ un conjunto de obras destacadas que superan en calidad a la producción artística de la comarca y aún de los talleres de los centros artísticos circundantes. El retablo mayor, obra de Rolan Moys, pintor flamenco que colaboró con Tiziano y pintó para Felipe II, junto a otros retablos con los que se revistieron los muros del templo medieval, la caja del órgano, lienzos y diversas esculturas importadas de talleres castellanos, dan cuenta de un esplendor de las artes, paralelo al de la reforma espiritual y temporal del cenobio, tras el Concilio de Trento.
La elección de artistas destacados para todos aquellos proyectos es fiel exponente de un gusto determinado por parte de los promotores, entre los que figuran algunos abades y responsables de la fábrica, así como de unos medios económicos desahogados, gracias a la tripartición de las rentas, que se destinaban desde 1566 al abad, la comunidad y la fábrica.