Exposición. Del 26 de abril al 29 de julio de 2007.
Entre los hitos del pasado y del imaginario colectivo de Fitero y su monasterio, se encuentra la figura de su abad San Raimundo, que pasó a las grandes páginas de la historia peninsular como fundador de la Orden de Calatrava en 1158. El hecho de figurar como primer abad de Fitero en tierras de frontera de los tres reinos peninsulares, la epopeya de Calatrava y haber alcanzado el culto en los altares, en el siglo XVIII, hicieron que su figura consiguiera la categoría de héroe y mito, olvidándose su dimensión como hijo de San Bernardo.
Su imagen se transfiguró, sus reliquias se codiciaron y sus biografías se tiñeron de retórica. En Tarazona lo representaron y veneraron con ropajes de canónigo, los cistercienses con el hábito blanco, en la Orden Militar como fundador, en versión de miles Christi o de ecuestre militar, sin que faltasen las escenas de la fundación de Calatrava, en presencia del rey Sancho III de Castilla.
Obras de escultura y pintura, algunas de singular importancia en el arte español, como el lienzo de Miguel Jacinto Meléndez o la urna de plata con sus reliquias de la capilla del Ochavo de la catedral primada de Toledo, dan testimonio de aquella realidad sublimada.
Ediciones centenarias, Oficios y Rezos autorizando su culto por la Congregación de Ritos, representaciones artísticas en sus diferentes tipos iconográficos, relicarios de plata y bordados con el emblema flordelisado de Calatrava evocan la figura del santo, bajo el gran retablo de Santa Teresa, en el que precisamente aparece como cotitular el primer abad de Fitero.