Tudela, el legado de una Catedral. Exposicion

Exposición. Del 22 de septiembre de 2006 al 7 de enero de 2007. Catedral de Tudela.

El legado

05. El legado medieval

El canciller Villaespesa y su mujer, pintados como donantes

La Catedral de Tudela ofrece en su arquitectura y ornamentación un representativo muestrario del arte medieval navarro. Todavía quedan vestigios de la antigua mezquita (siglos IX a XI), reaprovechados en la fábrica posterior. A mediados del siglo XII fue derribada para edificar la iglesia tardorrománica cuya cabecera fue consagrada en 1188. Consta de amplia planta cruciforme que remata en presbiterio absidado, flanqueado por cuatro capillas abiertas al transepto. El diseño nos recuerda a la abadía de La Oliva y a ciertas catedrales hispanas coetáneas. Escudos con las armas de Navarra y Champaña prueban que la construcción de las naves se prolongó hasta mediado el siglo XIII, en tiempos de Teobaldo I, de manera que incluyó elementos góticos como ventanales con lancetas o capiteles de hojarasca naturalista.

El claustro tardorrománico resulta excepcional por su iconografía (vida de Cristo y de diversos santos) y calidad. Fue tallado a partir de 1186 por artistas relacionados con la Seo de Zaragoza. Las puertas del transepto cuentan igualmente con relieves tardorrománicos que narran vidas de santos. Inolvidable es asimismo la Puerta del Juicio, del primer tercio del siglo XIII. Sus capiteles representan pasajes de la Creación del Mundo y la Caída, y las ocho arquivoltas el final de los tiempos, donde nos sorprende la variedad y crueldad de los suplicios infernales, ejecutados con gran maestría en su composición y detallismo.

El interior del templo fue enriquecido mediante imágenes, retablos, sepulcros y otros complementos. Destaca la imagen titular de piedra, tardorrománica y de considerables dimensiones, tallada hacia 1200. Su puesto en el presbiterio fue ocupado por el retablo mayor, dedicado a pasajes de la vida de María, que ejecutó Pedro Díaz de Oviedo y su taller entre 1487 y 1493, con la habitual complejidad de escenas y riqueza cromática que caracteriza las obras llamadas hispanoflamencas. Cuenta también con dos interesantes retablos pintados de estilo internacional y escuela aragonesa, elaborados a comienzos del siglo XV: el de Santa Catalina y el de la Virgen de la Esperanza, San Francisco y San Gil, obra de Bonanat Zaortiga. Entre los sepulcros destaca la estatua yacente de Sánchiz de Oteiza, poco anterior a 1420, y el magnífico arcosolio de la Capilla Villaespesa, hacia 1420, cuyos yacentes y relieves (que despliegan temas funerarios como la misa de San Gregorio y las exequias) combinan fórmulas franco-flamencas y borgoñonas.

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Fundación para la conservación del Patrimonio Historico de Navarra