La Fundación para la Conservación del Patrimonio Histórico de Navarra nace desde la convicción de que la sociedad contemporánea tiene la responsabilidad de transmitir a las generaciones futuras, y en las mejores condiciones, el legado histórico y artístico que ha llegado hasta nuestros días. En cierta forma, la sociedad delega en la Administración esa tarea de proteger, recuperar, y difundir un patrimonio que configura una parte muy importante de su identidad, de la identidad del Viejo Reino. Y es así como la Administración, en este caso el Departamento de Educación y Cultura del Gobierno de Navarra, impulsa la constitución de esta Fundación para hacer frente a un compromiso en el que se trabaja a contrarreloj, con la urgencia impuesta por el paso del tiempo que pone en peligro la integridad de nuestros Bienes de Interés Cultural. Esta fundación pública, sin ánimo de lucro y de naturaleza permanente, supone pues una alternativa para agilizar y hacer más viables proyectos que en una tramitación ordinaria sufrirían importantes demoras, y en consecuencia, un grave riesgo para la conservación de las obras artísticas y arquitectónicas. No en vano la constitución de la Fundación para la Conservación del Patrimonio Histórico de Navarra en 2001 estuvo motivada por la necesidad de intervenir en dos de los edificios más emblemáticos de nuestro patrimonio, la catedral de Tudela y el santuario de Santa María de Ujué.
El Departamento de Cultura y Turismo – Institución Príncipe de Viana del Gobierno de Navarra tiene suscrito un convenio de colaboración con la Fundación que garantiza su funcionamiento, si bien, y en aras de la mencionada agilidad, también tiene cabida la aceptación de aportaciones económicas de iniciativa privada. De esta forma, la Fundación se perfila como un organismo clave a la hora de sumar y coordinar esfuerzos, ya que disfruta de autonomía de gestión, contratación y administración de sus fondos, así como de libertad a la hora de seleccionar los proyectos que desarrolla. Con todo, y como es lógico dada la envergadura de estas empresas, resulta indispensable contar con el asesoramiento, control y dirección de las obras de restauración de los técnicos especializados que trabajan para la Administración. Por ello existe también un Patronato, presidido por el Consejero titular del Departamento, al que acompañan los principales cargos de la administración y funcionarios técnicos relacionados con la naturaleza de las intervenciones.
La fórmula de trabajo ofrecida desde la Fundación ha permitido que en sus siete años de vida se hayan acometido otras tantas intervenciones, seis de las cuales han consistido o consisten en la recuperación integral de los monumentos. Para la selección de estos proyectos se han tenido en consideración diversos aspectos que van desde su importancia paisajística a su relevancia simbólica en nuestro imaginario cultural, no perdiendo nunca de vista el impacto de estas intervenciones en el turismo, comercio y servicios. Como se verá, la complejidad de alguna de estas empresas ha supuesto la coordinación en el mismo espacio y tiempo de intervenciones arqueológicas, restauración arquitectónica y restauración de los bienes muebles vinculados al edificio. Una actuación integradora que ha permitido además dar importantes avances en el campo de la investigación. Trazados urbanos de nuestras ciudades, ritos funerarios de nuestros antepasados, técnicas y formas constructivas, o las fluctuaciones de la devoción popular a favor de una u otra advocación, son aspectos de nuestra historia que han sido puestos también en conocimiento del gran público gracias a la Fundación, mediante exposiciones y una línea editorial propia.
Y es que uno de los objetivos centrales de la Fundación es que todo su esfuerzo revierta en el mayor grado posible a la sociedad, con objeto de lograr con ello su implicación en la promoción y protección de su Patrimonio entendido en un sentido amplio. El que abarca por extensión no sólo la realidad material objeto-monumento, sino un conjunto de valores, símbolos, objetos artísticos y tradiciones escritas y orales que funcionan como resortes de cohesión, como soporte del sentimiento de pertenencia a una colectividad a lo largo del tiempo. Una noción, en suma, que se entiende básica para entender la propia historia sin desdibujar contextos. Pero también, y paralelamente, para cimentar presente y potenciar futuro. Como elemento capaz de generar desarrollo económico y de mostrar al exterior la realidad de un pueblo a través del turismo. Un patrimonio que se manifiesta, así entendido, como el más efectivo factor de identificación, enriquecimiento y solidaridad de la comunidad humana donde se asienta. En una palabra, una fusión de realidades materiales e intangibles para el crecimiento de la sociedad que sabe valorarlo, cuidarlo y mantener su autenticidad e integridad, y que ha cobrado carta de naturaleza a lo largo de nuestra breve pero intensa trayectoria.