La historia del viejo Reyno nos ha dotado de un ingente legado patrimonial. Un legado artístico y cultural, rico y heterogéneo, que nos obliga respecto a las generaciones futuras. Desde esta perspectiva, podríamos afirmar que la Fundación para la Conservación del Patrimonio Histórico de Navarra, es una entidad patrimonialista por cuanto su razón original es propiciar la conservación de estos bienes. Unos recursos, heredados de nuestros predecesores, surgidos en muchos casos del impulso colectivo de nuestra comunidad y que han forjado nuestra identidad a través de lo siglos.
Los bienes de interés cultural de los que se ocupa la Fundación nos hablan del pasado y hablarán de nosotros, también, gracias a las generaciones futuras. Además, con la promoción del patrimonio, no solo reconstruimos pasado sino que construimos nuestro porvenir. Con cada actuación patrocinada desde la Fundación, se defiende y protege una parte de nuestra historia, se ampara la recuperación de esos testigos privilegiados que han vencido al tiempo y se favorece la difusión de este patrimonio renovado, aquí y más allá de nuestras fronteras.
Tal empresa exige una planificación conjunta de las actuaciones y acciones de las diferentes administraciones y del sector privado. Se nos reclama, en definitiva, un esfuerzo colectivo capaz de recuperar nuestra memoria, y ofrecer a la vez una opción de futuro.
Con este horizonte, la Fundación para la Conservación del Patrimonio Histórico de Navarra, está llamada jugar un papel importante. De ahí su empeño por aunar esfuerzos, por coordinar recursos y agilizar procedimientos. Somos testigos del éxito de cada una de sus iniciativas, pero podemos decir que, a más largo plazo, los resultados serán calibrados por su permanencia en el tiempo, así como por su capacidad de generar y mantener dinámicas de desarrollo acordes con una sociedad suficientemente sensibilizada hacia el patrimonio.
Juan Ramón Corpas Mauleón, Presidente del Patronato de la Fundación